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CÁMARAS ESPIANDO A KAREN Karen chupaba la verga con ansiedad, mientras sentía como la lengua de su novio volvía a meterse en su concha Yo me masturbé por cuarta vez desde el inicio de lo que veía
Karen era mi cuñada. 15 años menor que mi esposa, la vi crecer casi sin darme
cuenta. Sin embargo, cuando cumplió los 16, noté todo lo que se había
desarrollado y lo hermosa que seria en el futuro.
No me equivoqué, a los 20 años era una joven muy atractiva: de bellos ojos
verdes, pelo dorado, no muy alta de estatura, sobresalía en ella lo que con el
tiempo se transformaría en mi obsesión: unos enormes senos, blancos y turgentes,
donde se adivinaban unos pezones deliciosos y rosados, el manjar de todos
quienes como yo adoran a las mujeres de tetas grandes.
En esa época supe que viviría con nosotros por un tiempo para continuar sus
estudios. Sin embargo era solo un pretexto para salir de su casa y vivir con
nosotros pues siempre se había sentido mejor en nuestra casa que en la de sus
padres. No obstante mi oposición, ella se vino a vivir a casa y le acomodamos un
cuarto muy bonito y cómodo para que pudiera estudiar.
A la vez, y como yo deseaba verla desnuda para admirar esos tremendo globos,
instalé en su habitación y en el cuarto de baño dos cámaras muy pequeñas y
ocultas, pero de magnifica resolución que se conectaban a mi computador y
mediante un programa especial podía elegir yo cual de las cámaras ver o ambas a
la vez.
Las primeras semanas no me atrevía a conectar las cámaras por temor a ser
descubierto, pero con el paso de los días fui conociendo la rutina de mi
cuñadita y finalmente un día, cuando ella entro a ducharse, encendí las cámaras
y me senté a observar: Karen se desnudaba lentamente, como disfrutando del
placer de mirarse al espejo gigante que teníamos en la ducha. Abrió su blusa
mirando de frente al espejo, y luego soltó con suavidad su brassiere. La vista
de esas enormes tetas fueron un goce especial para mi, sentí que mi pene se
elevaba al máximo y unos deseos incontrolables me llevaron a correrme una paja
intensa, mientras observaba esas tetas tan deliciosas que se balanceaban con
cada uno de sus movimientos, ya sin tener la sujeción del brassiere.
Karen se observaba de perfil y luego de frente, tomaba sus enormes globos y los
levantaba y luego los masajeaba y volvía a contemplarlos, como enamorada de su
propio cuerpo. Seguramente así era. Luego se desnudó completamente y para que mi
excitación fuera mayor vi que tenia su concha depilada y un culo redondo,
blanco, perfecto. Sin poder contenerme, me corrí una paja a mil por hora y no
paré hasta que la última gota de leche dejó de brotar de mi tranca tan dura.
Seguí observando y la vi ducharse y luego secarse con suavidad, poniendo mucho
cuidado en sus tetas, las que secaba lentamente.
Pasé entonces a mirar la otra cámara, la de su cuarto. Karen entró a la
habitación, se sacó la toalla y se tendió en la cama para descansar un momento,
la vi cerrar los ojos y pocos instantes después su mano estaba entre sus piernas
acariciando su chochito depilado y húmedo: ¡se estaba masturbando! era lo máximo
que yo podía desear y nuevamente sentí como mi pene se ponía duro y una
excitación enorme me envolvía. Ella, con una mano acariciaba su clítoris y con
la otra acariciaba sus deliciosas tetas con un movimiento cada vez mas intenso
hasta que por fin su cuerpo su puso tenso y luego la vi quedar completamente
relajada con la mano todavía acariciando su conchita.
Perdí la cuenta del número de veces que me masturbé en esa hora. Esa joven era
bellísima y verla realizar todo eso era un sueño para mí.
De tiempo en tiempo volvía a presenciar esas sesiones que siempre finalizaban
con una masturbación en su cama. Por mi parte yo no dejaba de admirarla y
pajearme varias veces.
Un par de meses después llevó a casa a un joven, alto y bien parecido al que nos
presentó como su novio. De inmediato caí en la cuenta de lo que vería muy
pronto. Y así fue: en la segunda venida a casa, cuando mi esposa no estaba,
llegué un poco antes del trabajo y sentí ruidos en la pieza de Karen. Sin
decirle que había llegado, fui a mi habitación y encendí la cámara de su
habitación: el espectáculo estaba por comenzar: tendida en la cama, Karen se
dejaba besar apasionadamente por su novio, quien, de más esta decir, junto con
besarla, recorría su concha y sus tetas sin parar.
En un momento ella al parecer le dijo basta, y él se sentó al borde de la cama
un poco frustrado y evidentemente caliente. Entonces ella, se levantó, se puso
frente a él y al igual que en el cuarto de baño, comenzó a desnudarse
lentamente. El joven quedo boquiabierto por un instante, pero reaccionó de
inmediato y antes de que ella terminara de desnudarse él ya se había sacado toda
la ropa y podía ver yo su tranca, larga y gruesa lista para introducírsela. Ella
rió, y terminó de desnudarse para delicia de él. Sus enormes tetas parecían más
grandes y su culo más rosado, estaba bellísima parada delante del novio para que
la admirara.
Él se acercó y su boca buscó de inmediato una de sus tetas mientras sus manos
tocaban la concha depilada y el hermoso culito que le ofrecían. Ella suspiraba y
se dejaba tocar y chupar. Luego ella abrió un poco las piernas y él
arrodillándose hundió su cara en esa concha tan deliciosa.
Su lengua salía y entraba en el agujerito de Karen haciéndola gozar mucho. Ella
tomó la cabeza de su novio y la apretó más contra su chochito, en un orgasmo
increíble. Luego de eso lo hizo acostarse en la cama, dio un rodeo y se dejó
caer para quedar en un 69 perfecto. Karen chupaba la verga con ansiedad,
mientras sentía como la lengua de su novio volvía a meterse en su concha.
Seguramente la excitación de él era tanta que a los pocos segundos vi como un
enorme chorro de leche mojaba los labios el rostro y el pelo de Karen. En ese
mismo instante ella se puso tensa, tal cual yo la veía cuando terminaba de
masturbarse, y dando un grito de placer hundió toda su concha en el rostro de su
novio hasta casi ahogarlo. Yo me masturbé por cuarta vez desde el inicio de lo
que veía y mi pene ya estaba adolorido de tanto pajearme. Pero no podía dejar de
ver a mi hermosa cuñada como gozaba y hacia gozar.
Unos minutos más tarde, ella volvió a excitarlo. Tomó el pene de su novio y
lentamente comenzó a pajearlo, era toda una experta! Él continuaba acariciando
sus tetas gigantes y las chupaba con tantas ansias como si quisiera sacarle
leche de esos enormes globos. La técnica de ella dio resultado, puesto que en un
minuto yo veía la verga de él nuevamente dura y gorda entrar y salir de la boca
de Karen. Cuando la sintió lista, ella le puso un preservativo, se untó una
crema en el hoyito del culo y le ofreció el culo más hermoso que él haya visto
en su vida. Una mezcla de ansiedad, placer y envidia me inundaba. Como me
hubiese gustado haber probado esas tetas ese culo y esa ¡conchita! pero la
visión bien valía la pena así es que seguí mirando: él casi sin poder creer lo
que le ofrecían, se acomodó detrás de ella y comenzó a meterle la verga en ese
hoyito virgen y delicioso.
De más esta decir que apenas entró la punta de la verga él acabó dejándola
insatisfecha por el momento. Sin embargo ella no se molestó, por el contrario,
se dio vuelta y comenzó a masturbarse delante de él, metiendo unos dedos en su
conchita y un dedo en el hoyito del culo. A los pocos instantes ya acababa en un
nuevo orgasmo.
Mirándola a ella, no me di cuenta de que él tenía nuevamente el pene tieso. Se
sacó el preservativo, se puso otro y esta vez, apretó contra ese culo hermoso, y
se la enterró hasta los huevos, con sus dedos masturbó el clítoris de ella,
quien se revolcaba de placer hasta que le vino un gigantesco orgasmo, él no
aguantó más y no tardó en llenar el preservativo, se lo quitó y Karen como una
desesperada le comió toda la leche que aún le brotaba de la verga…
Nunca le he contado ni he insinuado nada a Karen, aunque sigo deseándola.
Y también buscando una mujer como ella: delgada, hermosa y de grandes tetas. La
haría gozar tanto como a Karen la hace gozar su novio.
Autor: Garo