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Sado
MI CRIADA II Había tenido dos vivencias, las bragas de María y, más que mi exhibicionismo, el voyerismo de Silvie, el descubrir que mi vecina gustaba de verme y que lo había disfrutado a la descarada, sin tapujos
Pasé el día sin poderme concentrar en el trabajo. La llamé un par de veces para
indicarle alguna cosa intrascendental sobre lo que me gustaría me cocinara y me
contestó con toda naturalidad, no pudiendo notar en su voz algún indicio que me
indicara que había encontrado las braguitas bañadas en mi leche. Pensaba que lo
más seguro era que las había dejado allí en algún descuido, pero entonces,
¿Porqué se las había quitado?. No era lógico que se cambiara de bragas en la
casa y mucho menos que las olvidara entre mi ropa interior. A medida que iba
avanzando el día se apoderó de mi la impresión de que me había equivocado y
estaba deseoso de llegar para salir de la duda.
Entré en casa y temblando me dirigí al armario, Las bragas no estaban allí. Fui
al cuarto de baño y miré entre la ropa sucia. ¡No había ropa sucia!. ¿Entonces?.
Sin duda había lavado pues yo había dejado ropa sucia los dos días anteriores.
Bajé al jardín a comprobar si las braguitas estaban entre la ropa tendida. Eran
las cuatro de la tarde y ella se habría marchado a las dos como de costumbre. La
ropa estaba tendida y mojada, por lo que habría lavado a última hora pero ni
rastro de sus bragas. Subí a la casa y me desnudé en el dormitorio. Tenía
necesidad de sexo.
Lo sucedido el día anterior con María demostraba mi teoría de que a las mujeres
también les gusta "mirar", si se les presenta la ocasión de hacerlo pareciendo
que no miran. Una fuerza superior me obligaba a exhibirme y no había mejor
candidata que mi vecina alemana. Alguna vez me había "pillado" con solo una
camiseta mientras yo regaba las macetas de la terraza.. Suelo ir por casa
totalmente desnudo cubriéndome solo con camisetas muy anchas, que a penas me
llegan unos centímetros por debajo del pene y las nalgas, a las que les corto
las mangas, para "andar más fresco", me encanta sentir la suave brisa canaria
colándose bajo el amplio vuelo de la prenda.
Su jardín se encuentra a, más o menos, 10 metros de mi casa y está situado en un
plano inferior a mi terraza de unos tres metros, por lo que al alzar la vista
puede ver sin dificultad "lo que hay" bajo la camiseta.
Me anudé una toalla a la cintura poniendo cuidado en que quedara lo suficiente
corta, fingiendo salir de la ducha, para que mi vecina alemana, si salía a su
jardín, que, como ya he dicho, queda por debajo de la galería de mi salón,
pudiera "vérmelo todo". Sabía que estaba en su casa pues al prepararme el
desayuna la había visto trasegar por la casa a través de sus abiertas ventanas
de par en par. Alguna vez había tenido la suerte de verla en bragas.
Salí a la terraza, era septiembre y aquella tarde lucía un sol espléndido. Tuve
buen cuidado de que la toalla llegara, por detrás, justo al inicio de mis nalgas
sobre los muslos y por delante, a un centímetro por debajo del glande, así
parecía que estaba "tapado" y que se me "veía" por casualidad y sin yo saberlo,
pero en realidad podría "vérmelo" todo a la perfección.
¡Tuve suerte!. Silvie apareció de repente en su jardín portando un balde repleto
de ropa lavada, el tendedero está entre su casa y la mía. Para tender la ropa
debía ponerse de cara o de espaldas a mí. ¡Afortunadamente se puso de cara!. No
lo dudé ni un instante. Todo debía parecer casual y sobre todo que no me daba
cuenta de que se "me veía todo". Yo había descorchado una botella de Cava y
tenía la copa en la mano.
De la manera más natural la saludé:
-¡Hola Silvie! -
Alzó los ojos y me respondió con su acento alemán:
-¡Hola Arturo! -
He iniciando una conversación añadí:
-¿Cómo va todo? - -¡Bien! -
Me dijo mientras recogía una prenda para tenderla. Alzó los brazos y su vestido
playero dejó ver al completo sus buenos muslos. Sentí como mi polla se endurecía
e iniciaba la erección. Que bien pensé, así me verá en plena forma.
Mientras tendía la prenda me miró y pude percibir en ella un ligero
estremecimiento. Terminó de colocar las pinzas y alzando un poco más los brazos
se agarró a la barra que sostenía los cables del tendedero. El vestido se alzó
un poco más y bajo el borde asomó el ángulo de la braga que tapaba su coño.
-¿Y a ti como te va? -
Me miraba Sin dar a entender sorpresa y comprendí que deseaba alargar la
situación por lo que iniciamos una conversación de vecindad sobre las cosas y el
tiempo. De repente me dijo.
-Ahora vuelvo. tengo algo en el fuego -
Y salió a toda prisa hacia el interior de la casa. Volvió a los pocos minutos
tiempo que aproveché para descapullarme el glande, pues no estoy operado de
fimosis y normalmente lo tengo cubierto de piel. Hice que asomara hermoso e
hinchado como estaba, rodeado de la fina piel morena, tostada por el sol. Voy
afeitado. Por cierto que hoy compraré crema depilatoria.. Se colocó donde estaba
antes, apoyada de hombro a uno de los pilares de una pequeña pérgola de su
jardín donde se enmaraña una tímida enredadera y dijo.
-He apagado el fuego y así estoy tranquila. Las niñas están en el Lago
Martianez, pero no tardarán en venir.
Apoyé los codos en la baranda metálica de la galería y puse un pie derecho en la
barra inferior por lo que al quedar la rodilla algo alzada y tener el busto
adelantado, la toalla que cubría mi vientre, se separo lo suficiente para que mi
pene quedara en plena libertad y totalmente visible. Ella, entonces, se volvió a
coger de la barra donde se ataban las líneas del tendedero y su vestido volvió a
subir y ¡Oooohh!. ¡se había despojado de sus braguitas!. Comprobé que se
depilaba como yo. Separé la rodilla alzada para liberar aún más mi polla que se
estaba poniendo dura por momentos, levantando la toalla con la punta.
¡Que rico!, Pensé. ¡Mira Silvie mira que lo estoy enseñando para ti solita!.
¡Disfrútalo amor. Disfrútalo! Y me puse a cien. Sentía como la bolsa testicular
se estremecía y al contraer el escroto el glande rozada suavemente la rugosidad
de la toalla, lo que me estaba excitando de tal manera que tuve que hacer un
tremendo esfuerzo para no pajearme. Seguí con las contracciones y el roce de la
toalla me excitaba más y más. Presentí que me iba a correr y ¿Qué haría
entonces?. Silvie se estaba balanceando sostenida de la barra y su vestido se
había subido un poco más dejando todo su lindo conejito al descubierto. No tenía
marca de la braguita del Bikini y estaba muy broceado, lo que indicaba que ella
también tomaba el sol desnuda.
Semi suspendida de la barra se balanceaba atrás y adelante por lo que el borde
del vestido se movía en el mismo sentido chocando en el vaivén contra su vulva.
Separaba y juntaba las piernas haciendo chocar sus rodillas. El clítoris
apareció, rosado e hinchado, entre los labios vaginales externos. De repente un
estremecimiento recorrió su cuerpo, se soltó de la barra y apartando la vista de
mí me dijo.
- Bueno. A ver si termino de tender la ropa, que hablando y hablando se me va el
tiempo y tengo que preparar la cena, tú ya sabes que lo alemanes cenamos muy
pronto. -
Y añadió: - Tu compañía y conversación es muy grata pero lo siento debo seguir
con las cosas de la casa - - Si. Claro. Cuando uno está a gusto el tiempo pasa
volando -
Creí que me salvaba, pues la leche ya había iniciado su recorrido, pero no fue
así pues ella mirándome y sosteniendo unas braguitas en la mano me dijo.
- Ha sido un rato muy agradable, a ver si lo repetimos como buenos vecinos que
somos, la gente está falta de comunicación -
Dijo mirándome fijamente
No supe que contestar pues a mitad de su frase yo ya estaba eyaculando. El semen
brotaba a borbotones. Con fuerza, como si quisiera alcanzarla. En el balanceo la
toalla se había colocado sobre la caña de mi polla y el capullo estaba
completamente liberado y ella podía verlo eyacular con toda claridad, estaba
morado y boqueando a cada "avenida".
No pude evitarlo y mi vientre, piernas y nalgas no cesaban de dar sacudidas a
cada borbotón de semen. No podía moverme mis pies estaban clavados en el suelo y
mis manos se aferraban a la baranda para mantenerme en pié. Me sentía abrumado y
a la vez dichoso y sumamente excitado por que mi vecina Silvie me viera en aquel
trance. No podía apartar la vista de ella con el riesgo de que se armara la
marimorena.
Silvie se quedó absorta mientras colocaba las braguitas en la cuerda y sin dejar
de mirarme se agachaba para tomar otra prenda, al levantar las manos consiguió
prender el borde del vestido y me obsequió con toda su desnudez hasta la
cintura, antes que este cayera volviendo a su posición normal. Eso provocó en mi
algo nunca ocurrido antes, sentí como un chorro de leche salía despedida con
fuerza como un surtidor Lo había hecho con mucho disimulo procurando que
pareciera casual, pero no pudo ocultar la intencionalidad. Parecía decirme "Es
aquí donde deberías regar con tu leche", y por todos los diablos eso es lo que
mi polla pretendía con semejante chorro.
-Si - Le dije con voz estremecida y temblorosa por el placer mientras me corría.
- -Todo...s deberíamos ser más......... comunicativos y mostrarnos tal como
somos, sin tapujos, sin prejuicios -
Iba a desfallecer de tanta excitación. Me temblaban las piernas y tenía que
agarrarme fuertemente a la baranda pues temía caerme. Mi vientre se
convulsionaba al unísono de los borbotones de mi corrida. Tenía que irme o me
desplomaría ante ella y despidiéndome añadí.
-Bueno adiós, yo también tengo cosas que hacer, a ver si la próxima vez tenemos
ambos más tiempo -
Y dándome la vuelta entré en el salón de mi casa, dejándome caer en el sofá,
jadeante y sudoroso. Todo mi cuerpo temblaba atenazado por la excitación tan
intensa que sentía. ¡Había sido algo maravilloso, extraordinario. Correrme ante
Silvie, mientras ella me miraba sin pestañear, absorta en mi tremendo orgasmo.
¡Jamás hubiera pensado que mi vecina fuera de esa clase de mujeres que no se
reprimen ante la oportunidad de disfrutar de algo que les proporcione gusto.
¡Que bueno. Silvie había presenciado con indudable placer mi corrida!. Lo único
que yo lamentaba es haber desperdiciado aquella corrida y no haber tenido tiempo
de recogerla en un vaso para bebérmela o verterla sobre las braguitas de María.
Fui a la nevera y tomé un refresco que bebí de un trago. Tenía los muslos llenos
de semen y mientras iba al baño para lavarme recogí las gotas que resbalaban
muslos a bajo y me las llevé a la boca con incontenible deseo.
María había despertado en mi una incontenible necesidad de sexo y mi pasión por
la autosatisfacción me pedía pajearme sin cesar, pero procuré calmarme. El agua
fría de la ducha me calmó, y poco a poco me fui relajando, en menos de 24 horas
había tenido dos sensacionales vivencias, las braguitas de María y, más que mi
exhibicionismo, el voyerismo de Silvie, el descubrir que mi vecina gustaba de
verme y que lo había disfrutado a la descarada, sin tapujos, sin inhibiciones,
presenciando estoicamente, como me corría ante ella sin ni siquiera tocarme y
muy posiblemente por el estremecimiento que en ella aprecié, disfrutar de un
buen orgasmo, sin, como yo, masturbarse.
Cené mientras visionaba una película porno y me hice una paja, tranquila y suave
y la calentita crema fue el postre.
Autor: ARTESCO