Mini
Relatos:
|
Se paró, por un momento. Temí lo peor, el rechazo y
por el "chasco", de la tremenda caída "en picado", de mis expectativa.
Mi pene, al instante se aflojó. No hablamos, y ella; apretó la mano y me
dijo "muy flojito". Roberto, ahora no pares. Estoy feliz, de que haya
pasado esto. ¿Cómo, me decía yo…? Luego le gusto, y el paradón, era por
que ella se había ido animando y ahora estaba gozando; me creí en el
cielo al sentir que podía estar húmeda y excitada por mi. Si, era eso,
pues se mordió los labios. Y mi mano, entro bajo el tejido de la copa
del sujetador.
Me apreté a ella, y mi mano bajo, llego a su vientre
y continuó. Me apretó muy fuerte y sus pies parecían encogerse, con los
dedos agarrando un objetivo imposible. Ella, sintió mi mano, aplanada y
alargándose tanto como podía. Mis dedos, rozaron su bosquecito y me
sentí explorador. Iba con cuidado, sin prisas y llegue a rozar su
capuchoncito chafado y noté, por primera vez su anhelada humedad. Cerré
los ojos, y ella hizo que mano y brazos derechos me aferrasen, y
marcasen en mi espalda. La mano izquierda, entró, entre mi pantalón y se
coló para tocarme las nalgas. Esa mano, me invadía y me hacia sentir el
tacto mas bello y preciado. Y, empecé a mover, toda la mano extendida.
Por encima, como una pala o como lo que era una mano "sudorosa" y
sedienta de beber de ella. |
| fotos sexo amateur, fotos de sexo
amateur, fotos sexo amateur gratis, fotos amateur sexo, sexo amateur
fotos, fotos de sexo amateur gratis, fotos gratis sexo amateur, fotos
sexo gratis amateur, fotos gratis de sexo amateur, sexo fotos amateur,
sexo amateur fotos gratis, fotos amateur de sexo, amateur fotos sexo,
fotos amateur sexo gratis, amateur sexo fotos, fotos de sexo gratis
amateur, sexo amateur gratis fotos, sexo amateur fotos caseras,
contactos de sexo amateur con fotos |
|
La sensación, dentro de mi pecho y bajo mis
pantalones era de un deseo insoportable. Tuve que aminorar, y
concentrarme, para no mancharme con una corrida. Bueno, alguna gotita si
se escapó, pero contuve el aluvión. Y mi mano dejo que un dedo, entrase
un poco y rozase su clítoris. Ella empezó, a respirar y a moverse,
abrazada a mí. Nada era tan evidente. Más allá de dos filas de asientos.
Salvo para el señor, que volvía del trabajo. Nos miró, y se dijo para
sí: ¡felices estos! que tienen ganas, y alguien que merece la pena. Yo
de joven, también hice lo que pude –se decía-. Se sonrió, e iba pensando
en llegar a casa y ver si la Lola (su mujer), le dejaría que su
calentura acabase en gruta. Si no, iba a tener que masturbarse.
Nos mirábamos, fijamente y todo era compartido. Y yo,
saboreando cada segundo; era como si todo se concentrase ahí, con ella.
No había antes, ni después. Solo existíamos nosotros ahora. Y la sentí
vibrar, estaba gozando entre un suave quejido: ¡Uuummmmmm!
Estaba, sacudiéndome las tristezas y los sinsabores
de verla con otros. Y notaba el olor a ella, a su néctar sexual,
mezclado a su perfume y a cierto olor a goma del autocar. Pero, todo
encajaba, hasta sus movimientos pausados y sentidos. Y notaba, que daba
pequeñas culetazos y su mano rozaba mi nalga derecha y me clavó sus
uñas. Mejor, así tendré una prueba de esta felicidad…
Mis yemas y dedos eran, una cuña. Los había indinado
y entraban tres de ellos. Los otros dos frotaba y sacaban suavidades de
su botoncito de amor (lo sentí como una alubia, que se quería escapar y
se dejaba tomar). Saqué mi mano, untada de su flujo y me la estuve
lamiendo dedo a dedo, ante su cara. Y ella me miraba y se recuperaba.
Tras todo eso, imaginaros como estaba un servidor. Excitado y con una
presión terrible entre las piernas. Mi pene a punto de reventar |
|